Temucuicui: crónica de una larga lucha por la tierra.

Por Fernando Pairican

07 de julio de 2014

Corría el 7 de noviembre del 2002, cuando un grupo de mapuche ocupó el fundo Santa Alicia de propiedad de forestal Mininco. Los comuneros cortaron dos puentes de madera y colocaron en uno de sus pilares un cartel que decía “tierra del pueblo mapuche, retirarse de estas tierras”. No pasó mucho tiempo hasta que una patrulla de fuerzas especiales llegó al predio iniciándose un nuevo enfrentamiento. La policía disparó gases lacrimógenos y balines de goma. Los mapuche respondieron con piedras mientras comenzaban a retirarse del predio. Fue en ese momento que uno de los comuneros, Edmundo Alex Lemun de 17 años, volvió al predio y fue herido en su cabeza por un balín metálico que le provocó la muerte cinco días después.
El hecho enardeció a los mapuche. El gobierno de Ricardo Lagos respondió militarizando las zonas y los mapuche radicalizando su accionar. Fue en este contexto, a dos días de la agonía de Lemun, que un grupo de mapuche ingresó al fundo La Romana de René Urban y le prendieron fuego a unas bodegas de madera. Era el inició de una lucha que se prolongaría por 14 años y que escribiría –para algunos- las paginas policiales más importantes de la región.
Sin embargo, esta historia partió mucho tiempo antes, en los tiempos que el pueblo mapuche mantenía en su poder amplias extensiones de tierras, lo que la memoria de los más antiguos de las reducciones llamaban las tierras históricas, esas que no están marcadas en los Títulos de Merced sino en las huellas de la naturaleza. “Hasta ese cerro llegaban nuestras tierras”, “hasta ese rio llegaban nuestras tierras”, suele escucharse cuando uno puede hablar con los más antiguos de las comunidades. Esas son las tierras antiguas, aquellas donde se pierde la vista y que componía los antiguos Lof, la unidad territorial amplia del pueblo mapuche. Aquella unidad destruida cuando los ejércitos de Chile ingresaron con sus batallones desde los Ángeles para “pacificar” al pueblo mapuche.
Los Títulos de Merced que dieron pie al surgimiento de las reducciones, no son otras cosa que la legitimación de la derrota militar del pueblo mapuche y la ocupación de parte del Estado, es por eso que las generaciones que nacieron posterior a este proceso se criaron escuchando la historia de deslindes que hablaban de tierras más amplias, de predios aledaños a la comunidad que eran parte antiguamente de ellos, pero que a través de distintos mecanismos fueron paulatinamente usurpados por colonos.
La historia de Temucuicui no es distinta a lo que se ha reseñado. Una de las reivindicaciones históricas fue el fundo Alaska en poder de forestal Mininco, asignado en el Título de Merced de la comunidad pero que por distintos mecanismos fue usurpado por colonos aledaños. Sin embargo, fue bajo la reforma agraria que la comunidad lo recuperó, para volver a perderlo bajo la dictadura militar, la que a su vez la traspasó a Conaf, organismo que terminó por venderlo a forestal Mininco de la tradicional familia Matte.
En 1999, luego de exigir su devolución vía Conadi, la comunidad comenzó a ocupar el predio. Utilizaron el amplio repertorio de acción del movimiento, desde las mesas de diálogo hasta la quema de las plantaciones, todo con el fin de recomponer el territorio en perspectivas de ejercer la autonomía. Y lo lograron. A fines del 2002, casi dos mil hectáreas de tierras fueron traspasadas a la comunidad. Una parte del Lof estaba recuperándose, pero aún no estaba completo.
Cuando René Urban vio cómo se incendiaban sus propiedades, no escondió su rabia ante los difíciles tiempos se les avecinaban. Al poco tiempo los comuneros comenzaron a ocupar gradualmente sus tierras de los fundos La Romana y Montenegro; Urban jamás negó su intención de defenderse al costo que fuera, distintos agricultores solidarizaron con él, armaron grupos de autodefensa, él mismo se movilizaba con su arma al cinto, hasta que finalmente el gobierno le entregó una custodia policial permanente, al mismo tiempo que iniciaba las negociaciones para la compra de tierras. Los mapuche no claudicaban en su objetivo final como señalaba un cartel apostado en las cercanías del fundo “territorio en recuperación”.
Allanamientos a la comunidad de forma permanente. Helicópteros sobrevolando la comunidad, carabineros disparando desde el aire sus escopetas antimotines, detenciones, niños aterrorizados, agricultores armados y sitiados en sus casas. Fuerzas policiales en los puentes haciendo control de los automóviles. Una larga historia de violencia y también de sueños colocados en pleno siglo XXI, que no grafican más que la avasalladora forma en cómo el Estado se constituyó en la vieja frontera o wallmapu: la conquista.
Mijael Carbone no ha ocultado cuál es su objetivo a futuro: recuperar 800 hectáreas que corresponden a lo que antiguamente conformaba el Lof. Unidad territorial que además es parte de la reconstrucción de lo que el movimiento ha llamado el país Mapuche. Tal vez ahí está el acierto de don Francisco Huenchumilla en su llegada como Intendente, plantear la necesidad de pagar una deuda histórica, que parte por una recomposición de tierras para que el pueblo mapuche pueda seguir viviendo y sobreviviendo para los tiempos venideros.
Sin duda que este triunfo de la comunidad Temucuicui y del movimiento mapuche generará la respuesta de los grupos conservadores de la vieja frontera. Sin embargo, una paz duradera debe realizarse con justicia y esta, en el caso del pueblo mapuche, pasa por una restitución de tierra. Una de las demandas que ha venido acompañando al movimiento desde inicios del siglo XX. Por eso, la sonrisa del werken Mijael Carbone era notoria cuando señaló que por fin habían “reconquistado las tierras que le pertenecían a sus antepasados”.

Fuente: Mapuexpress.org

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